USA, 1959 : Vincent Price (Dr
Warren Chapin), Philip Coolidge (Ollie Higgins), Patricia
Cutts (Isabel Chapin), Judith Evelyn (Martha Higgins),
Pamela Lincoln (Lucy Stevens), Darryl Hickman (David Morris)
Director - William Castle, Guión
- Robb White
TRAMA : El Dr. Warren Chapin
es un médico forense que examina los cuerpos
de los condenados a muerte. Revisando los distintos
casos que ha visto en su sala de operaciones Chapin
ha llegado a la conclusión de que, al momento
de que una persona es asustada hasta el punto de la
muerte, su cuerpo forma un organismo que se incrusta
en su columna vertebral y la aprisiona hasta quebrarla.
Pero dichos organismos - producidos en caso de miedo
extremo - desaparecen después del deceso de la
persona, o cuando un individuo libera su horror al gritar.
Junto con su cuñado David Morris realizan diversos
experimentos, logrando incluso tomar una radiografía
de la criatura - a la que llaman el Hormigueo
-; pero ahora Chapin está decidido a ir más
allá de los límites éticos, y ha
decidido probar su teoría en la esposa de Ollie
Higgins, una mujer sordomuda que parece la víctima
ideal para asustar hasta la muerte y poder capturar
a la criatura antes de que desaparezca.
NOTA : como siempre, desarrollamos
este sitio desde fans hacia fans del buen cine. Por
ello, se pueden mencionar partes del film que pueden
develar el final (spoilers), pero asumimos a esta altura
que los lectores han visto el film o se encuentran familiarizados
con la historia.
trailer
de The Tingler, presentado por William Castle
Esta es la obra cumbre de William Castle, el auto denominado
maestro del terror - copiando descaradamente a
Alfred Hitchcock, que se llamaba el maestro del suspense
-. Pero Castle era un director terrible y sin siquiera
tenía el 5% del talento de Hitchcock. Lo que sí
poseía Castle (y en cantidades industriales) era
carisma y olfato comercial, y supo transformar en enormes
éxitos de taquilla a sus producciones bizarras.
Con trucos comerciales - esqueletos de plástico
que aparecían en medio de la proyección
de un filme; seguros de vida gratuitos a los espectadores,
por si llegaban a morir de terror durante la exhibición
de la pelícua; votaciones populares en mitad del
filme, en donde el público podía decidir
alterar el resultado o no del mismo - se transformó
en un personaje pintoresco y legendario. De más
está decir que son más memorables sus triquiñuelas
de marketing que sus películas en sí.
Pero El Aguijón de la Muerte es su mejor
obra, y una película de culto instantánea.
Usualmente los filmes de Castle son variantes baratas
de enigmas policiales a la antigua - tipo Agatha Christie,
con un montón de gente adinerada y ociosa en
caserones antiguos, traicionándose mutuamente
- en donde hace su aparición algún elemento
fantástico que da vuelta las cosas. Pero son
tramas completamente artificiales y conducidas con poca
seriedad. En El Aguijón de la Muerte Castle
no se aparta mucho de sus temas habituales - otra vez
Vincent Price es un marido al que su mujer le pone
las antenas -, pero al menos tiene una trama tan
fabulosamente prepotente y delirante que resulta imposible
no divertirse con ella. En House
on Haunted Hill el director se tomaba muy en serio
a sí mismo; pero aquí ocurre todo lo contrario.
Como filme de terror El Aguijón de la Muerte
es una película torpe y mala; pero como comedia
camp tiene momentos deliciosos. La presentación
de Castle - si sienten miedo durante el filme, simplemente
griten - es soberbiamente ridícula; y el nivel
de sobreactuación alcanza límites siderales,
especialmente en las secuencias en que Vincent Price se
droga con LSD o cuando Judith Evelyn - la víctima
sordomuda de los experimentos del buen doctor - es acosada
por figuras de pesadilla que parecen salidas de un tren
fantasma de un parque de diversiones barato. La trama
en sí es un disparate - el hecho de que el miedo
crea una criatura indestructible parecida a un ciempies,
que deshace la columna vertebral de las personas si éstas
no gritan -, y las idas y vueltas con el bicho son tan
rebuscadas que uno no puede dejar de reírse. Todo
esto sirve de excusa para que el director brinde el mejor
momento de la película: Vincent Price apaga las
luces del cine en donde el Aguijón acaba de infiltrarse,
y les advierte a la audiencia de que si tienen terror
simplemente griten... pero a su vez los espectadores que
estamos viendo la película de Castle también
quedamos a oscuras... y es allí cuando entran a
jugar los "Percepto" (dispositivos ubicados
en las butacas de la sala, que daban pequeñas descargas
electricas a la platea). Es una verdadera experiencia
virtual, en donde terminamos metidos dentro del argumento
del filme.
El Aguijón de la Muerte es pura diversión.
Ridícula, prepotente, rebuscada, pero es tan
delirante que resulta imposible no disfrutarla. Así
que, amigos, recuerden siempre esto: cuando tengan
miedo, mucho miedo, griten con todas sus ganas. ¡Griten
antes de que el Aguijón de la Muerte atrape su
espina dorsal y la destroce por el miedo!
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