|
USA, 1954 : James Whitmore (Sargento Ben Peterson),
Edmund Gwenn (Dr Harold Medford), Joan Weldon (Dr Patricia
Medford), James Arness (Agente del FBI Robert Graham),
Onslow Stevens (General OBrien), Sean McClory (Mayor
Kibbee), Chris Drake (Ed Blackburn), Sandy Descher (Niña)
Director - Gordon Douglas, Guión - Ted
Sherdeman, sobre una historia de George Worthing Yates,
Musica - Bronislau Kaper |
|
TRAMA : En el desierto de Nuevo Mexico la policía
encuentra a una niña en estado de shock. Rastreando
la zona, comienzan a hacer terribles descubrimientos
: una casa rodante destrozada, un almacén hecho
trizas y con un cadáver en el sótano,
y la desaparición de uno de los policías
involucrados en la búsqueda. Para develar el
misterio pronto acuden al FBI, y después a Washington,
quien envía al Dr. Medford y su hija. La lenta
investigación de Medford revela que se tratan
de hormigas gigantes, de 2 metros y medio de largo,
que han mutado genéticamente a partir de las
pruebas nucleares de 1945. Pronto se descubre el hormiguero
y se procede a exterminar a las criaturas, pero un análisis
del lugar demuestra que dos hormigas reinas - con capacidad,
cada una, de poner miles de huevos y generar nuevos
hormigueros - han escapado. Mientras que una de las
reinas es hallada en un buque de carga, la otra se encuentra
en los desaguaderos de Los Angeles. Y resulta imperativo
acabar con ellas, antes que en la nueva camada se generen
nuevas reinas, lo cual podría concluir con la
extinción de la raza humana en menos de un año.
NOTA : como siempre, desarrollamos
este sitio desde fans hacia fans del buen cine. Por
ello, se pueden mencionar partes del film que pueden
develar el final (spoilers), pero asumimos a esta altura
que los lectores han visto el film o se encuentran familiarizados
con la historia. |
|
La ciencia ficción de los años 50 básicamente
se reduce a dos postulados: las invasiones alienígenas
(en forma masiva o más secreta, mediante la sustitución
de cuerpos, por ejemplo), y las mutaciones genéticas
causadas por la bomba. Este último sub-género
fue particularmente prolífico, con creaturas que
crecían (o se achicaban, como El
Increíble Hombre Menguante), y pronto poblarían
la pantalla de plata tarántulas, dinosaurios, insectos,
crustáceos, seres humanos, aves y casi cualquier
ser vivo sobre la Tierra: La Mantis Gigante, Tarantula,
La Garra Gigante, La Bestia Colosal, Godzilla,
La Bestia de las Profundidades, y un largo etcétera.
Es comúnmente aceptado que, si bien estos filmes
van de lo regular a lo excelente, se reconozca a Them!
(Ellas!) como la obra maestra del género.
Hay numerosos argumentos que validan este criterio,
y tienen que ver con las premisas que aportaría
y serían repetidas hasta la saciedad en filmes
similares. La naturaleza atómica del monstruo,
la unión de las fuerzas militares para combatirlo,
el análisis científico del hecho, las
movilizaciones masivas, el enfrentamiento final en las
ciudades. No hay nada de lo citado aquí que no
figure, por ejemplo, en The Beast form 20.000 Fathoms
de 1953. Pero lo que distingue a Them! del resto,
es que la naturaleza del monstruo no es un ser mitológico,
deforme, alienígena, o recién llegado
al reino animal, sino que se tratan simplemente de hormigas,
seres ya existentes, con lo cual existen numerosos estudios
científicos previos que permiten anticipar su
comportamiento. En ese sentido, pasada la novedad inicial,
la película se transforma en una suerte de seudo
documental actuado, disparando una enorme cantidad de
información sobre los insectos con una profunda
convicción. Esto es mucho más respetable
que las predicciones tontas de los científicos
de turno en los filmes de monstruos, que salvo el pelo
desaliñado y la bata blanca no tienen mucho en
común con sus pares de la vida real.
Aquí, por el contrario, el Dr. Medford emprende
una larga y didáctica tarea de instruir a personajes
y platea por igual sobre los misterios de la naturaleza
que nos rodea. La estructura militar y defensiva de
las hormigas, la organización social, los ritos
de apareamiento, la capacidad de multiplicarse, el diseño
de los hormigueros, tiende a formar una idea cabal del
tipo de amenaza que se cierne sobre la humanidad. No
es un monstruo idiota rampante sino una nación
de creaturas que por naturaleza tienden a arrasar el
territorio donde se establecen. Las conductas instintivas
de los insectos le dan un aura de enemigo inteligente
que pocos filmes pueden equiparar.
Esto no quita que el filme tenga sus fallas. Comenzando
por la tontería de la búsqueda del azúcar,
en donde el primer ataque inicial se hace a un remolque
simplemente para obtener unos terrones o el destrozo del
almacén donde se depositaban sacos de dicho alimento.
También hay un par de clisés zonzos, como
la hija del científico que parece una pin up,
o bien el protagonismo del policía pueblerino de
James Whitmore en lo que es una operación a nivel
nacional. Pero a su favor, Gordon Douglas dispara sin
cesar información y mantiene las cosas en movimiento,
de modo de que los posibles agujeros de lógica
no se noten sino hasta después del filme.
Si bien la dirección es correcta, tampoco posee
un suspenso maravilloso, sólo lo suficiente para
seguir manteniendo el interés. Hay un montón
de actores secundarios habituales en el género,
comenzando por James Arness de The
Thing From Another World, y algunos bolos menores
para Leonard Nimoy (aquí como extra) y el futuro
Daniel Boone Fess Parker. Joan Weldon es bastante
decorativa en la trama (provee un par de pistas, pero
por suerte ni siquiera es el interés romántico
de alguno de los protagonistas), y hay un par de notas
de humor que no desentonan. Lo que es interesante es
el papel trágico de James Whitmore, lo cual es
una novedad para el género, y que explica su
permanencia a lo largo de toda la trama. Pero todas
estas son fallas menores, excusables en haras del entretenimiento.
Las hormigas son bastante artificiales de vista, pero
una exposición limitada no hace pensar demasiado
en las limitaciones de los efectos especiales. Y, como
suele suceder en estos filmes, hay sentencias rimbombantes
sobre la caja de Pandora que supone el uso desmedido
del poder nuclear recientemente descubierto. |