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USA, 2002 : Ewan
McGregor (Obi-Wan Ben Kenobi), Hayden Christensen (Anakin
Skywalker), Natalie Portman (senadora Padme Amidala),
Christopher Lee (conde Dooku), Ian McDiarmid (canciller
Palpatine), Temuera Morrison (Jango Fett), Samuel L. Jackson
(Mace Windu), Frank Oz (voz de Yoda)
Director -
George Lucas, Guión - George Lucas & Jonathan
Hales
TRAMA : El Senado de la República está
teniendo problemas con un grupo de planetas separatistas
liderados por el renegado conde Dooku. A su vez, una
serie de atentados golpean de cerca a Padme Amidala,
convertida ahora en senadora por el planeta Naboo. Anakin
Skywalker es asignado a la custodia de Padme mientras
Obi-Wan Kenobi investiga la procedencia de los terroristas.
Pero el rastro de Obi-Wan lo lleva hasta el aislado
planeta de Kamino, en donde se prepara un masivo ejército
conformado por clones. Resulta obvio que hay una conspiración
en ciernes, tendiente a forzar la militarización
de la República frente a la inminente insurrección
de Dooku, pero ni los políticos ni los caballeros
Jedi se encuentran en condiciones de anticipar la movida.
Y mientras tanto Anakin se ha enamorado perdidamente
de Padme, un romance ilegal para su condición
de Jedi. Pero los numerosos peligros que enfrentan en
el camino de combatir a Dooku terminarán por
afianzar dicha relación, convirtiéndose
en un noviazgo secreto y prohibido.
NOTA : como siempre, desarrollamos
este sitio desde fans hacia fans del buen cine. Por
ello, se pueden mencionar partes del film que pueden
develar el final (spoilers), pero asumimos a esta altura
que los lectores han visto el film o se encuentran familiarizados
con la historia. |
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En los setentas George Lucas era una potencia creativa
que formaba parte de una generación integrada por
cineastas de lujo, como Francis Ford Coppola, Steven Spielberg,
John Milius, etc. Pero el tiempo ha pasado, y tanto los
millones como la inactividad creativa de todos estos años
han convertido a Lucas en un señor gordo,
un burócrata sentado encima de una montaña
de dinero (fruto de su imperio cinematográfico)
y rodeado de una corte interminable de adulones y onanistas
digitales. Toda esta gente vive entusiasmada creando
formidables mundos virtuales y criaturas imposibles, pero
ni uno solo de ellos es lo suficientemente capaz de escribir
una historia potable que justifique el uso de semejantes
FX. Y, si usted ha visto algún reportaje reciente
a Lucas, se topará con un individuo monumentalmente
anodino, capaz de hablar durante horas sobre la nueva
trilogía y analizarla como si se tratara de una
obra de Da Vinci. Resulta sorprendente la capacidad de
Lucas para justificar intelectualmente la mediocridad
de su última obra.
Hay decisiones estúpidas que hacen historia.
La de escribir una trilogía de precuelas de Star
Wars es una de ellas y, lo que es peor, terminó
por convertirse en moda - ahora teníamos precuelas
de El Exorcista, Batman,
James
Bond, Alien, etc, etc -.
Es cierto que en unos cuantos casos posteriores la idea
de la precuela funcionó... pero en el caso de
La Guerra de las Galaxias
resultó en un rotundo fracaso artístico
(ni los fans ni la critica ni la mayoría del
público se entusiasmaron con la nueva propuesta,
lo que no quita que tuviera buena taquilla). El problema
fundamental de las precuelas reside en que había
que acomodar con calzador un montón de pavadas
y golpes de efecto con los cuales se habían despachado
en la trilogía clásica - como Luke
y Leia son hermanos, cómo se forma Darth Vader,
quién es la madre de los Skywalker, cómo
surge el Imperio y el Emperador, etc, etc -. A
veces es mejor dejar los orígenes de una gran
historia en la oscuridad. Y hubiera sido mucho más
razonable continuar con la serie a partir de El
Regreso del Jedi, viendo cómo un veterano
Luke Skywalker se dedicaba a combatir a los restos del
Imperio, por poner de ejemplo una de las tantas ideas
posibles.
Pero no. Siguieron adelante. Y allí
es donde el mismo Lucas se encargó de arruinar
la mitología Star Wars,
encastrándole una historia mediocre, explicando
más detalles de los que debería, utilizando
a los filmes como si fuera un catálogo multimedia
del poderío digital de la ILM, e insertando
dos millones de personajes ridículos y abominables,
cuya única utilidad era generar muñequitos
y toneladas de merchandising.
Uno percibe que los miles de puteadas que todo
el mundo lanzó sobre Episodio
I deben haber llegado a los oídos de Lucas,
porque Episodio II recula en varios temas, y
fuerza un montón de escenarios como para que
todo comience a calzar con la mitología clásica
de Star Wars. Por ejemplo,
Padmé dejó de ser reina y ahora es senadora
(porque el cargo de reina en Naboo es elegible por cuatro
años... igual que en Argentina), lo cual
es una pavada sideral. ¿De dónde
sacaron que los reyes tienen vencimiento?. En
fin; como no había otra manera de meter a Padmé
en el Senado de la República el libreto tuvo
que despacharse con una reforma constitucional de último
momento al reino de Naboo. A esto se suma que el idiota
de Jar Jar Binks ha pasado a ser senador suplente, una
prueba patente de que las listas colectoras ya existían
en los tiempos de la República. Y seguimos sumando
porotos: Padmé ahora es una veterana calenturrienta
de treinta años que no duda en comerse al pendex
Anakin, el cual no llega a los 20 (está visto
que no hay ley de corrupción de menores en la
galaxia). Y - en una de las movidas más lamentables
de la nueva trilogía - el libreto perfila
a los Jedi como un cuerpo de élite conformado
por bobitos e ingenuos. "No!!!! Dooku
no puede haber querido matarla!" "Oh!!! Quién
será el villano que quiere apoderarse de la República?".
Son tan tristes los razonamientos de los caballeros
Jedi que dan ganas de llorar. Uno siempre se imaginó
que se trataba de un ejército de guerreros tipo
samurai, misteriosos, letales y silentes, y no un ejército
de idiotas con patente y sables laser.
El perfil de los Jedi en la nueva trilogía es
deleznable también por otras razones. Son superhombres
indestructibles, capaces de hacer proezas físicas
imposibles. En El
Regreso del Jedi, Luke Skywalker saltaba unos metros
y arrojaba cosas con la mente. Pero aquí esta
gente se tira desde 50 pisos de altura, fanfarronea,
y hace piruetas todo el tiempo. Es tan odiosa la manera
en que el filme se regodea con esto, que llega al colmo
de lo ridículo: tanto Yoda como Dooku son dos
ancianos que usan bastón (o tienen los huesos
comidos por la artritis) y se despachan con unas acrobacias
hiperarriesgadas en sus duelos con sable laser
... sólo para concluir los enfrentamientos y
volver a renguear o a usar las muletas de siempre.
El
resto del filme también falla. Nunca se explica
la causa de la construcción del ejército
de clones; la República tampoco los investiga
demasiado y los acepta tan ciegamente que, en la primera
de cambio, los manda a pelear contra los ejércitos
de Dooku; tampoco se explica de dónde salieron
miles de armas y naves espaciales para abastecer una
fuerza militar tan multitudinaria (los aliens de Kamino
eran genetistas, no la Lockheed Martin). Ah!,
y por supuesto está el abominable romance. A
su lado, Crepúsculo
parece Lo que el Viento se Llevó. Es
apurado, es forzado y no hay qúimica entre el
novato Christensen y la Portman. De los diálogos
mejor no hablar. Al menos se puede decir que las perfomances
hacen juego con los parlamentos, ya que van de lo estoico
a lo terrible.
En realidad La Guerra de las Galaxias Episodio II:
El Ataque de los Clones padece un único y
enorme problema, y es que toda la historia suena hueca
y los personajes no le interesan a nadie. Está
todo mal desarrollado. Sólo hay un par de
cosas que funcionan, como la cruenta venganza de Anakin
por la muerte de su madre, y la batalla campal del final.
Pero no hay magia, no hay heroismo que uno pueda admirar,
y toda la relación con la saga clásica
de Star Wars se ve forzada.
Lucas se ha dado cuenta de ello y mete con calzador
toneladas de referencias - el origen de Boba Fett,
los soldados y los cruceros imperiales; la reiteración
de frases clásicas de la trilogía; los
peinados de Padme al estilo de Leia; la aparición
de los tíos de Luke Skywalker en Tatooine, etc
-, en un patético intento de equiparar a este
bofe con los filmes originales que son claramente
superiores. Pero cada referencia a la trilogía
clásica sólo nos hace extrañar
aún más su magia y su calidad, y eso es
algo que no puede disfrazarse ni aún con toneladas
de soberbios efectos especiales.
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