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USA, 1980 : Adrienne King (Alice),
Betsy Palmer (Sra Voorhees), Laurie Bartram (Brenda),
Peter Brouwer (Steve Christy), Kevin Bacon (Jack), Jeannie
Taylor (Marcie), Mark Nelson (Ned Rubinstein), Harry Crosby
(Bill), Robbi Morgan (Annie) Director
- Sean S. Cunningham, Guión - Victor Miller
TRAMA : Steve Christy ha adquirido
el campamento de Crystal Lake, el cual se encuentra
en refacciones y preparándose para la gran apertura.
Como la idea es abrirlo a un público infantil,
hasta él han llegado varios adolescentes que
Christy capacitará como supervisores. Pero Crystal
Lake tiene mala fama - en 1958 dos adolescentes fueron
asesinados a cuchilladas -, y la gente del pueblo cercano
evita acercarse al campamento. Pero ahora, a días
de la apertura, comienzan a sucederse numerosas desapariciones
y asesinatos; y los mismos parecen estar relacionados
con el pasado ominoso de Crystal Lake.
NOTA : como siempre, desarrollamos
este sitio desde fans hacia fans del buen cine. Por
ello, se pueden mencionar partes del film que pueden
develar el final (spoilers), pero asumimos a esta altura
que los lectores han visto el film o se encuentran familiarizados
con la historia. |
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El slasher es el sub género del terror por
el cual un asesino implacable y enmascarado se dedica
a liquidar a sus víctimas (generalmente adolescentes)
con algún objeto filoso (slasher significa
cortadas o cuchillazos). El primer slasher es sin
dudas Psicosis (1960) de Alfred Hitchcock, y luego
el género sería tomado de forma abundante
por la cinematografía italiana de terror. Pero
tendría que pasar más de una década
para que la industria americana tomara la posta y decidiera
hacer sus propias versiones en formato mainstream
(antes, el género había tenido algunas entradas
en el circuito Grindhouse como los filmes de Herschell
Gordon Lewis - p.ej. Blood
Feast de 1963, la primera película gore
de la historia -). Parte de esa demora tiene que ver con
los estrictos códigos de ética cinematográfica
(el código Hays) que para los años
70 se habían desmoronado pero que que estuvieron
firmes por más de 40 años.
Vale decir, el slasher y el terror gráfico
existieron desde antes pero estaban restringidos a producciones
baratas e independientes exhibidas en circuitos under.
En los setentas los slashers seguían siendo
patrimonio de productoras independientes, pero ocasionalmente
los grandes estudios las compraban para su distribución.
De esas primeras entradas figuran La Ultima Casa
de la Izquierda (1972) de Wes Craven, y posiblemente
la película más influencial de toda esa
tanda: The Texas Chain Saw Massacre (1974) de
Tobe Hooper, la que le daría la forma definitiva
al género. Allí había un asesino
caníbal enfundado en una máscara de cuero
y persiguiendo a adolescentes semidesnudas con una motosierra.
Lo que seguiría es una tonelada de clones que
pulirían la fórmula y que obtendrían
su propio status de culto de acuerdo a su calidad.
En definitiva, la trinidad compuesta por The Texas
Chain Saw Massacre (1974), Halloween (1978)
y Martes 13 (1980) es la que puede considerarse
la fundamental del género. Tobe Hooper aportó
la originalidad de la idea, John Carpenter le agregó
una historia de fondo y Sean S. Cunningham hizo lo suyo
con el estilo - en especial, el filmar los ataques desde
el punto de vista del asesino -. Y el slasher
tendría una época de gloria hasta mediados
de los años 80, en donde empezaría a desplomarse
por saturación del género. Recién
empezaría un revival a partir de la desconstrucción
de la fórmula con Scream (1996) de Wes
Craven.
Martes 13 es considerado un clásico del
género; pero no deja de ser otro de esos típicos
clásicos de terror, sobreinflando la fama
de una película realmente pésima. Uno
no puede considerar un clásico por la cantidad
de secuelas - si fuera así Los Chicos del
Maiz, basado en la obra de Stephen King y con 8
capítulos hasta la fecha, debería ser
un clásico -; y ni siquiera Martes 13
es original, ya que es una copia barata y hecha con
poco talento de Halloween que es un filme superior
(aunque no por mucho). Quizás la fama de clásico
se deba a que Jason Voorhees es una figura que se ha
popularizado por encima de la calidad de la enorme cantidad
de secuelas que disparó Martes 13 (doce
en total, incluyendo dos reboots de la franquicia,
un crossover con Freddy Krueger y una remake
en el 2009). Pero allí termina todo su mérito.
Aqui figura Sean S. Cunningham como director, alguien
que había empezado como técnico con Wes
Craven en el rodaje de The Last House on the Left.
La idea de Cunningham era aprovechar toda la movida que
Hooper, Carpenter y las películas italianas de
terror estaban explotando hasta ese momento. Pero Cunningham
es un director muy crudo y torpe, y eso se transpira durante
todo el filme.
(alerta: spoilers) La
inspiración más obvia es Psicosis
de Alfred Hitchcock. Al revés de aquella película,
ahora es la madre loca la que tiene doble personalidad
y busca vengar al hijo. Curiosamente acá Jason
Voorhees es un personaje secundario (la víctima
del relato) y recién empezaría aparecer
con estatura propia (y tal como lo conocemos actualmente)
a partir de la secuela Martes 13 II (1981). Pero
aquí es la señora Voorhees la que se encarga
de despachar las víctimas, lo cual termina por
resultar ridículo cuando vemos la patética
presencia física de Betsy Palmer cuando aparece
sobre el final del relato. Pero la copia de Psicosis
no termina allí; hasta la banda sonora clona
los chillidos de los violines de la partitura de Bernard
Hermann para el clásico de Hitchcock.
Que el hecho de que la señora Voorhees sea la
asesina justifica la mayoría de las acciones
del filme, que terminaría por convertirse en
cliches del género. Su hijo murió ahogado
en 1958 mientras que el resto del campamento estaba
teniendo relaciones sexuales entre los yuyos
y desatendió los llamados de auxilio de Jason.
Ahora un grupo de futuras víctimas se hace cargo
del campamento, y cada vez que están por fornicar
(palabra que suena extremadamente conservadora), Mrs
Voorhees corta sus planes al vuelo literalmente. La
chica casta y pura es la que sobrevive al final, y la
que tiene el duelo con el asesino de turno. Como diría
Richard Scheib, el asesino se convierte en el colmo
de la figura paternal que desautoriza los excesos de
la juventud descarriada, castigándolos con la
muerte.
Pero los personajes son unos completos idiotas, los
diálogos son horribles y las situaciones son
patéticas. No hay nadie que se porte con algún
grado de naturalidad, y las perfomances son aún
peores. Uno podría resumir Martes 13 en
un capítulo de media hora de Cuentos de la
Cripta (o alguna otra serie de terror) y el resultado
hubiera sido el mismo o un poco mejor. El 90% del filme
es relleno idiota, una simple excusa para ver cómo
van despachando a los imbéciles de turno.
La película repunta un 0.5% cuando la señora
Voorhees aparece en escena, pero el duelo final es tan
patético como el resto del filme. Uno se pregunta
cómo Betsy Palmer pudo ser tan eficiente para
liquidar al resto de los muchachos y tiene tanto trabajo
para liquidar a la última de las adolescentes
(fin de spoilers).
Martes 13 es uno de esos bodrios que sólo
sobrevive por el culto de los fans. Pero es mala en
todos los sentidos, lo que no le impidió ser
popular. A lo sumo lo que queda es como un intento comercialmente
inteligente de hacer una película exploitation
distribuida por un estudio major de Hollywood
(en este caso la Paramount, aunque después
le vendería los derechos a New Line Cinema).
De hecho, uno puede afirmar que desde La
Guerra de las Galaxias (1977) los grandes estudios
se dedicaron a generar proyectos exploitation
o claramente comerciales, los que antes estaban restringidas
a circuitos Grindhouse, y abandonando el sistema
tradicional de producción - usualmente basado
en novelas previamente publicadas -. Es decir, fueron
al efectismo que atraía multitudes a los cines
y se apoderaron de elementos underground y de
la serie B para masificarlos con mayor presupuesto.
Pero una enorme cantidad de dichas películas
tiene la misma consistencia y valor alimenticio que
una hamburguesa. Y Martes 13 es una prueba cabal
de ello. |