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TRAMA : Dos hampones, Uchida y Masaki, se encuentran
robando un lote de drogas almacenado en un banco. Pero
en la huída Masaki es atacado por una masa líquida
de extraña apariencia y desaparece sin dejar
rastro, mientras Uchida se da a la fuga. El inspector
Tominaga se hace cargo del caso, y queda perplejo al
encontrar únicamente las ropas de Masaki en el
lugar de los hechos. Tominaga comienza a investigar
a la cantante de cabaret Chikako Arai, la novia de Masaki,
ya que es la única pista que posee. La banda
a la cual pertenecía Masaki piensa que los ha
traicionado, y también se encuentra tras su rastro.
Pero a la oficina del inspector llega el Dr. Masada,
un viejo amigo de éste, con temibles sospechas;
Masada le advierte acerca de una forma de vida líquida
que ha evolucionado a partir de los efectos de las explosiones
atómicas experimentales ocurridas en el Pacífico,
y cree que Masaki ha sido asimilado por una de ellas.
Ahora la mutante forma de vida ha conservado la mente
del criminal y se encuentra en pleno plan de venganza
hacia Uchida y el resto de miembros de su banda que
lo han traicionado.
NOTA : como siempre, desarrollamos
este sitio desde fans hacia fans del buen cine. Por
ello, se pueden mencionar partes del film que pueden
develar el final (spoilers), pero asumimos a esta altura
que los lectores han visto el film o se encuentran familiarizados
con la historia. |
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Este es otro film del gran Ishiro Honda. Al contrario
de un montón de críticos pedantes que proliferan
en la web y se llenan la boca de palabras altisonantes,
considero que Honda es un director mucho más valioso
que su filmografía (o prontuario) representa (y
paso a justificar el por qué de mi afirmación).
Siempre se lo asocia como el padre de Godzilla,
lo cual es en cierto sentido denostar sus cualidades como
cineasta. Mientras que Godzilla
(1954) es un gran film, el resto de las colaboraciones
de Honda en la saga rayan en lo bizarro (aunque sean sumamente
entretenidas). El tema es que el kaiju eiga (o
cine japonés de monstruos) comenzó a elaborar
sus propias reglas y mitologías, transformándose
en un colorido espectáculo pulp propio del
comic. Honda dirigió algunas películas entretenidas
de la serie, pero ninguna que alcanzara la estatura del
original de 1954. Ya no dependía de él sino
del público, de la Toho y de la evolución
del género.
Sin embargo, cuando Ishiro Honda se aparta del kaiju
eiga es cuando lograr demostrar sus quilates como
director. Es un artesano sólido. Existe una trilogía
de filmes en donde Honda deja de lado la manía
de destrozar maquetas de Tokio, y se mete en ciencia
ficción seria, cuando no rayando el género
del terror. Estas películas son The H-Man
(1958), The Human Vapor (1960) y Matango
(1963). En lo personal, creo que Matango es una
pequeña obra maestra, más allá
de sus errores.
Ahora comentamos The H-Man. No se precisa ser
especialista en el género para darse cuenta de
que la Toho está intentando explotar el
mismo filón que diera a luz, en suelo americano
y en ese mismo año, al clásico La Mancha
Voraz (The Blob). En realidad
los estudios Toho terminarían por clonar,
durante los cincuenta, a la mayoría de producciones
americanas de sci fi: The Mysterians es un sucedáneo
de La Guerra de los Mundos;
The Human Vapor es similar a The 4D Man;
Godzilla es la respuesta
nipona a The Beast of 20.000
Fathoms, y así sucesivamente.
Pero mientras que The Blob
es una rutina de sci fi pura y derecha, The H-Man
es una mezcla de policial negro y ciencia ficción.
Y es un film decididamente orientado al público
adulto. Aquí hay muertes, el bajo mundo, cantantes
de cabaret y bailarinas exóticas ligeras de ropas.
Toda la primera mitad es pura investigación policial
a cargo del inspector Tominaga (Akihiko Hirata, el Dr.
Serizawa de la Godzilla original), con apriete
de sospechosos, la chica buena que ha caído en
la mala vida y se ha enamorado de un hampón,
criminales que buscan revancha, etc.
A decir verdad, esa primera mitad es algo lenta. Pareciera
que Honda, cuando ve que las cosas van aburridas, decide
intercalar algún número musical con chicas
en lentejuelas. Del monstruo del título no hay
ni señas, y todo se limita a vigilar a la cantante
del cabaret - por si el novio regresa -, criminales
traicionados que también andan tras el rastro
de Masaki, y pericias policiales de todo tipo.
En la segunda mitad del film las cosas empiezan a repuntar
de a poco, especialmente cuando el Dr. Masada logra abrir
la boca y dar su explicación científica
del caso. No se trata, en sí, de una historia demasiado
coherente - las cenizas producto de pruebas atómicas
en el Pacífico han terminado por contaminar a la
tripulación de un barco y han mutado en una criatura
liquida que absorbe a la gente -. Siquiera tiene ni muchos
pies ni cabeza la supuesta investigación que hacen
los científicos - descubrir que un salvavidas del
barco ha llegado a las costas de Tokio, y que en él
vino flotando el "liquido humano" -. Pero donde
Honda hunde el cuchillo es en los encuentros con el líquido
mutante: la escena en donde los sobrevivientes del barco
(que ha encontrado al pesquero contaminado) comienzan
a narrar las apariciones de la criatura es realmente buena.
Y a diferencia de The Blob, los ataques del liquido
humano son bastante shockeantes, cayendo sobre las personas
y desintegrándolas - muñecos que se desinflan,
cubiertos de gelatina -, lo cual es mucho más impresionante
que la película americana original. En particular,
el ataque masivo al cabaret está dirigido con tensión
suficiente como para no resultar una pavada mayúscula.
Obviamente hay agujeros en el libreto, en especial
sobre la naturaleza del liquido humano. Ya que asimila
a las personas, no se explica como la criatura conserva
la mente del criminal Masaki (y cómo ésta
prevalece sobre un montón de individuos absorbidos
por dicho elemento). Tampoco por qué el ex-socio
de Masaki, Uchida, decide raptar a última hora
a la novia de éste, y terminan en los desagües
del barrio de Tokio donde vive la chica - dicho sea
de paso, parece un barrio portuario, aislado por canales,
y de una apariencia extremadamente pobre; realmente
muy diferente al Tokio visto en otros filmes -. El final,
si se quiere, es algo expeditivo y blando. Pero toda
la hora final (en donde la película entra en
los carriles propios del cine de monstruos, con movilizaciones
generales, conferencias de prensa de científicos
y el sentido de alarma generalizada) está más
que ok.
Es una película muy interesante y bien dirigida.
El libreto tiene sus huecos, pero Honda los compensa
muy bien. No es una anécdota redonda pero, para
ser sci fi japonesa de aquella época, bien que
le pasa por encima a cualquier otro film americano similar
de los años cincuenta.
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