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Japon, 1966 : Russ Tamblyn (Dr.
Paul Stewart), Kumi Mizuno (Akemi), Kenji Sahara (Dr.
Yuzo Majida), Nobuo Nakamura (Dr. Kita), Jun Tazaki (General)
Director - Inoshiro Honda, Guión
- Ishirô Honda sobre una historia de Reuben Bercovitch
TRAMA : Una enorme criatura
humanoide azul ataca un carguero y devora a gran parte
de su tripulación. Por relatos de los supervivientes
se cree que es una mutación del Frankenstein
gigante que se creía desaparecido en un temblor
de tierra un año antes. Las fuerzas de defensa
son puestas en estado de alerta, e intentan destruir
a la criatura. Pero un nuevo Frankenstein - esta vez
de pelaje marrón - aparece y lo rescata. El Dr.
Paul Stewart está a cargo del operativo y la
investigación. Pero Stewart cree que destruir
a los Frankensteins será peor remedio que la
enfermedad, ya que sus células pueden reproducirse
rápidamente y generar clones en escaso tiempo.
NOTA : como siempre, desarrollamos
este sitio desde fans hacia fans del buen cine. Por
ello, se pueden mencionar partes del film que pueden
develar el final (spoilers), pero asumimos a esta altura
que los lectores han visto el film o se encuentran familiarizados
con la historia. |
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Como recién decíamos, la Toho
se puso en campaña a mediados de los años
sesenta para internacionalizar el kaiju
eiga, que era el género que le daba gran parte
de su torta financiera de ingresos. Pero los monstruos
gigantes habían pasado de moda en los 50, y Japón
era el único país en donde el género
aún subsistía. Como parte de esa campaña
internacional la Toho importó actores americanos
y obtuvo licencias para utilizar marcas y personajes reconocidos
- King Kong, Frankenstein
-. La Guerra de las Gargantúas es la secuela
de Frankenstein Conquista
el Mundo, y es un esfuerzo nada despreciable, aún
con el detalle del desgraciado diseño de las criaturas.
Aquí la Toho se ha gastado sus buenos
pesos, y la producción es impecable - se ve mucho
más lujosa que incluso los filmes de Godzilla
de aquél entonces -. Incluso el perfil de la
película es un poco más adulto - hay varias
muertes, algunas de ellas terribles - y la historia
esta mucho más cuidada. La contra es que las
Gargantúas del título no son más
que dos tipos en trajes de plush y con horrendas
máscaras. El otro detalle es que, al contrario
que el resto de los filmes del kaiju eiga - en
donde los monstruos son filmados en cámara ralentizada
para dar sensación de pesadez y enormidad -,
los fotogramas van aquí a velocidad normal. Las
criaturas nunca dejan de ser dos tipos disfrazados correteando
por maquetas. Pero a su favor figura el hecho de que,
al momento de los combates, éstos son mucho más
feroces que los habituales del cine japonés de
monstruos.
Ishiro Honda estaba realmente inspirado al rodar La
Guerra de las Gargantúas. Hay algunas tomas
excelentes - una de las criaturas emerge de las aguas
cerca del aeropuerto de Tokio, destruye un edificio
y se devora a una mujer de la limpieza; el asedio de
la criatura en las montañas, envuelto en una
densa neblina; e incluso el combate final, donde los
bichos se dan con todo y se lanzan contra los edificios
- que son memorables. La historia es pasable, y tiene
sus toques, en especial la relación de la doctora
con la Gargantúa buena - la marrón -;
y los FX son impecables para lo que es el standard de
la Toho.
Pero el que desafina en semejante esfuerzo es el americano
importado de turno. Russ Tamblyn está todo el tiempo
desubicado, como riéndose de que le está
diciendo parlamentos inentendibles en inglés a
un montón de japoneses que lo miran como si estuviera
pintado. Tamblyn está visiblemente incómodo
con el rol, y eso se nota a la legua. Sinceramente no
sé por qué no volvieron a llamar a Nick
Adams - de Frankenstein
Conquista el Mundo -, que era un tipo mucho más
natural para este tipo de situaciones. El otro detalle
horrible es la intervención de una cantante occidental
en el filme; el problema fundamental es el tema que interpreta
debió haber rimado muy bien en su japonés
original pero con la traducción inglesa la letra
suena para el demonio y para colmo la mujer desafina.
Por suerte una de las gargantúas termina con esta
tortura y rápidamente se hace un aperitivo con
ella.
La Guerra de las Gargantúas es muy buena
por lo que hace Ishiro Honda para montar en escena las
secuencias de acción. Es él el que la
da vida a una historia standard del kaiju eiga,
por encima de los defectos habituales del género.
Es vistosa y tiene sus momentos fascinantes, aún
cuando en trazos generales no deje de ser un delirio.
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