|
No sé si
ustedes lo tienen a Saul Bass. Un tipo que
trabajó durante años con Alfred Hitchcock
creando las secuencias de títulos de sus
películas, y de quien se dice que colaboró
con el maestro para desarrollar la famosa escena
de la ducha de Psicosis (1960). Bass fue
un fabuloso creativo e hizo que los títulos
de crédito de los filmes - algo que nadie
le daba demasiada bola - se transformaran en un
arte (su influencia sigue hasta hoy en día).
En 1974 Saul Bass decidió probar suerte con
la dirección y se despachó con Phase
IV (bautizada en español como Sucesos
en la Cuarta Fase), un filme de ciencia ficción
pensante. Pero como nadie fue a verla y,
para colmo, el estudio metió mano alterándole
el final, Bass se enojó para el demonio y
decidió colgar los guantes como director
de una vez y para siempre.
Lo cual es una verdadera lástima ya que Fase IV
es una película excepcional. Es cierto
que tiene un par de detalles tontos y un final
castrado - el manipulado por los productores
-, pero es un filme muy inteligente y atrapante...
y he visto muy pocas películas que posean
dichas cualidades.
Por supuesto, es un título
que exige paciencia. No es una película
particularmente densa, pero se toma sus largos
tiempos para crear un clima formidable. Es un
título que entra en la categoría
de 2001, Odisea del Espacio,
Pi o Coloso
1980: El Proyecto Forbin - no esperen ver
explosiones ni muertes espectaculares, sino que
aquí se trata de ideas inquietantes expuestas
con cuentagotas -. Precisamente el filme es
una mezcla entre Marabunta,
La Amenaza de
Andrómeda y Las Crónicas
de Hellstrom (un impresionante documental
que teorizaba que el futuro de la Tierra le pertenecía
a los insectos). Hay un evento cósmico
desconocido que prácticamente no afecta
a nadie en el Universo... excepto a las hormigas
de nuestro planeta. Ahora todas las razas de hormigas
parecen haberse unificado y operan de manera excepcionalmente
inteligente y voraz. Un científico viaja
al desierto a estudiarlas y descubre cosas inauditas
- sembradíos devorados en forma rectangular
(cuando en la matemática de la naturaleza
sólo se da lo amorfo o lo circular), hormigueros
gigantescos que parecen torres, un ataque sistemático
de los insectos hacia las zonas pobladas -,
y decide plantarse en medio de la zona con un
domo geodésico lleno de chiches tecnológicos.
Allí descubre que las hormigas han desarrollado
un lenguaje acústico y se están
comportando de manera inteligente y colectiva.
Y ya que ellos son los primeros humanos que han
intentado comunicarse con los insectos en su propio
lenguaje, ahora las hormigas han decidido aislarlos
del mundo sitiándolos en el domo. Ni las
defensas del laboratorio - una batería
de rociadores con diferentes insecticidas de alta
letalidad - parecen servir, ya que los insectos
absorben el veneno y se lo entregan a la reina
para que engendre en menos de 24 horas una nueva
generación de hormigas inmunes a los pesticidas.
Inquietante, ¿no?.
Aquí no hay terror sino
ideas y, sobre todo, formidables ideas.
Los insectos se comportan como verdaderos alienígenas
ocultos en nuestro mundo, una masa imparable e
indestructible que nos observa, nos mide y nos
ataca en los puntos más vulnerables. Son
una nueva raza destinada a dominar el planeta,
dejándonos obsoletos sin que nadie nos
advirtiera. Es cierto que el filme tiene su cuota
de tonterias - las hormigas destruyen el motor
de un auto, o liquidan los circuitos electricos
del aire acondicionado (como si los insectos tuvieran
conocimientos tecnológicos o supieran para
qué sirven dichos objetos); o aniquilan
a una mantis, tomándola de una pata y haciéndola
tocar un contacto eléctrico para electrocutarla
(como si fueran dos personas peleando!) -
y el final está castrado, dejando una vaga
noción de que los humanos ahora son los
esclavos de los insectos (en el trailer
del filme que puede verse en YouTube hay
indicios de los 9 minutos que le podaron a Saul
Bass y que dan cuenta que los insectos han engendrado
una nueva raza mutante, hibrida entre hormiga
y humano).
Si tiene tiempo y paciencia
Fase IV es una película inteligente
y desafiante. Las tomas en miniatura de los insectos
los convierten en verdaderos actores y resulta
fascinante. Los elaborados planos visuales de
Saul Bass son formidables. Y todo el tema está
tratado con seriedad y altura. Repito: es una
lástima, una verdadera lástima
que Bass abandonara la dirección, porque
acá daba muestras de talento puro e inimitable,
un don que está reservado exclusivamente
a los genios y que aquí pudimos ver por
única vez. |