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TRAMA : Una nave espacial desciende en Washington,
e inmediatamente el ejército y la muchedumbre
la rodea. Del platillo surge un hombre y un enorme robot,
pero la tensión causada por el evento provoca
que un militar dispare accidentalmente al visitante
al ver un movimiento sospechoso del mismo. Gort, el
robot, desvanece en segundos las armas de la milicia.
Llevado a un hospital, el visitante dice llamarse Klaatu,
y le indica al secretario de Estado norteamericano que
posee un mensaje para todos los gobernantes del mundo.
Pero las negociaciones diplomáticas para la cumbre
fallan debido a los recelos políticos, y Klaatu
decide escaparse del nosocomio. Vestido como un hombre
corriente y haciéndose llamar Sr. Carpenter,
el alienígena decide investigar la civilización
terrícola para entender mejor su manera de pensar.
Y mientras se aloja en el hotel familiar de Helen Benson,
llega a la conclusión de que su mensaje sólo
será escuchado por los hombres de ciencia. Pero
Washington vive bajo ley marcial, y el ejército
se encuentra totalmente abocado a la tarea de encontrar
a Klaatu. El visitante logra obtener el visto bueno
del Dr. Barnhardt para realizar la reunión, pero
decide dar una muestra de fuerza para que la Tierra
entienda la magnitud del poder que maneja. Por ello
paraliza todo tipo de electricidad en el mundo durante
30 minutos. Pero esto termina por alarmar a las autoridades,
que deciden capturar a toda costa a Klaatu - vivo o
muerto - porque entienden que se trata de una amenaza.
Y cuando Klaatu se apresta a dirigirse a la reunión
con los científicos, resulta capturado y muerto.
Con Klaatu muerto y Gort activándose automáticamente
en plan de destrucción, pareciera que el mensaje
de paz alienígena se hubiera perdido para siempre
y que la Tierra será arrasada en represalia por
la muerte del mensajero espacial.
NOTA : como siempre, desarrollamos
este sitio desde fans hacia fans del buen cine. Por
ello, se pueden mencionar partes del film que pueden
develar el final (spoilers), pero asumimos a esta altura
que los lectores han visto el film o se encuentran familiarizados
con la historia. |
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¡Gort!...¡Klaatu barada nikto!
La ciencia ficción cinematográfica tuvo
manifestaciones muy esporádicas en el cine hasta
llegar a los años 50. Salvo George Melies, los
seriales o los filmes de Frankenstein,
no podemos hablar de la sci fi tal como la conocemos
sino hasta 1951, con The Thing
From Another World de Howard Hawks (entre
comillas) que inaugura el género en su formato
moderno. Hasta entonces, poco y nada se había
visto de alienígenas.
Y seis meses después del film de Hawks llega
este gran clásico de Robert Wise. Pero si bien
The Thing From Another World como The Day
The Earth Stood Still tuvieron su suceso (y muchos
de sus elementos pasaron a la cultura popular), no fueron
lo que se actualmente se entiende como blockbusters.
El éxito comercial y la masificación del
género vendría de la mano de George Pal
con La Guerra de los
Mundos en 1953.
Resulta bastante obvio el por qué. War of
the Worlds es una aventura pochoclera (bien llevada)
mientras que los filmes de Hawks y Wise funcionan mejor
en cierta vena intelectual; lo suyo es el suspenso y
el mensaje, no la destrucción masiva. Carecen
de la espectacularidad formidable de War of the Worlds,
pero sin duda son filmes mejor construidos argumentalmente.
La idea de The Day The Earth Stood Still es
en realidad muy simple y está llevada a cabo
de modo impecable: es una alegoría de la historia
de Jesucristo. Klaatu es el mensajero de una raza superior,
con absoluto poder para devastar la Tierra pero que
prefiere llegar con un mensaje de paz. Es víctima
del temor de los hombres (su herida, su muerte posterior);
la personalidad que adopta es la del Sr. Carpenter (el
señor carpintero, como el oficio de Jesús);
debe producir hechos excepcionales para ser creído
("milagros" como la parálisis
mundial por falta de electricidad - que da el título
al filme -, exceptuando hospitales, aviones en movimiento,
y otras naves y edificios primordiales), y debe morir
y resucitar para poder entregar su mensaje - si continúan
con la carrera armamentista atómica, serán
destruídos (sufrirán el castigo divino)
-, lo que termina haciendo frente a un grupo de elegidos
- ningún político, solo personas comunes
y hombres de ciencia; personas "racionales"
que puedan interpretarlo -. Después de su sermón,
se eleva a los cielos. Es una idea formidable.
Pero esta historia también sirve para ilustrar
los miedos de los años cincuenta. La guerra fría,
los enfrentamientos políticos que impiden que
frente al mayor acontecimiento de toda la historia -
la aparición de este enviado - los hombres no
puedan dejar de lado sus disputas políticas y
acudir a recibir el mensaje. La paranoia sobre lo desconocido
- a pesar de que la primera agresión es humana
y de que Gort sólo evaporó las armas,
el público insiste en destruir al robot y eliminar
al alienígena - y la gran advertencia sobre el
manejo irresponsable del poder nuclear. Es un claro
síntoma de los tiempos de aquel entonces - el
miedo al holocausto atómico, la escalada armamentista
-, que el filme expone en una clave pacifista que lamentablemente
no prosperaría. Salvo rarísimas excepciones,
hasta la llegada de E.T.
El Extraterrestre en 1982 (que también
utilizaría la resurrección como imagen
argumental) prácticamente no hay encuentros con
alienígenas que no devenguen en invasiones o
destrucciones masivas. Quizás esto tenga que
ver con los mecanismos de la mente humana; un mensaje
pacifista nos recuerda la trágica realidad del
mundo en que vivimos, mientras que la visión
opuesta - la de los invasores que vienen a conquistarnos
- suena más irreal y fantástico, es improbable
de que suceda. Es como que el ser humano no quiere que
un filme le recuerde el mundo en que vive, sino que
prefiere desatar todos sus miedos en el cine - volverlos
realidad en la pantalla como una especie de catarsis
de dos horas y, cuando regrese a la realidad, este mundo
le parecerá menos hostil -.
Es un filme hecho de modo impecable. No hay demasiados
efectos especiales : la llegada de la nave a Washington
es un clásico, al igual que Gort o las palabras
que Patricia Neal debe decirle para detener su escalada
de destrucción y rescatar / revivir a Klaatu. Pero
más allá de los FX, el film mantiene muy
bien su ritmo cuando Klaatu se encuentra en traje de calle.
La historia no decae en ningún momento.
Por supuesto con el paso de los años se ha creado
mucho de leyenda alrededor de la película. En
el cuento original Adios al Maestro la historia
se desarrollaba en el futuro, donde Klaatu era asesinado
por un fanático religioso. Su posterior aparición
no era por resucitación, sino que eran clones
generados automáticamente y con escaso tiempo
de vida. Y, a diferencia del film, se terminaba por
descubrir que "el Maestro" del título
era el robot y no Klaatu, que era simplemente un servidor
de Gort.
El guión traslada la historia a los años
más febriles de la Guerra Fría; pero el
libreto sufrió varias modificaciones, en buena
parte gracias al código Hays. Por ejemplo,
la mención de Klaatu de que su resurrección
es sólo un método temporal y que sólo
un Dios todopoderoso podría hacerlo ilimitadamente
es un añadido impuesto por la censura, con el
cual discreparon ampliamente el guionista y el director.
Suena absurdo que una raza tan formidable no haya podido
vencer a la muerte. El otro cambio es una escena cortada,
en la cual - en el trayecto entre el hotel y la residencia
del Dr. Barnhardt - Klaatu y el militar presencian un
interrogatorio policial a posibles sospechosos, pero
en un momento la muchedumbre se avalanzaba a golpear
a uno de ellos pensando que era el mensajero alienígena.
Hubiera sido una escena muy interesante de ver.
Como Klaatu, Michael Rennie da una actuación
impecable. Es sobrio, sutil, racional, pero se permite
el asombro, el humor e incluso el horror. Es una presencia
que se impone en pantalla; en muchas escenas, su perfomance
denota un escrutinio real de una mente superior sobre
las acciones estúpidas de los seres humanos.
Y mientras Rennie domina la escena, el resto acompaña
sin desentonar, pero sin demasiadas chances de sobresalir.
Está Hugh Marlowe haciendo las veces de un Judas
moderno - avisando a las autoridades, motivado por el
miedo y la fama, mientras tiene los diamantes en su
mano -, actor que regresaría al género
en La Tierra
vs. Los Platillos Volantes. El rol de Patricia Neal
es necesario pero a su vez carece de peso - sería
inútil criticar su rol de madre por dejar pasear
a su hijo con un extraño por toda la ciudad,
pero a final de cuentas es un mecanismo que precisa
la alegoría para contrastar a Klaatu con una
mente inocente como es la de un niño -; lo mismo
pasa con el de Sam Jaffe - está para realizar
un par de preguntas vitales y nada más -. Y por
supuesto, la fascinante presencia de Gort, interpretado
por Lock Martin, un gigante que en la vida real trabajaba
de portero en el teatro chino Graumann de Hollywood
- el que se utiliza para las ceremonias en la que los
artistas estampan sus manos en las baldosas de la ciudad
del cine -.
Es un clásico que ha envejecido muy bien, si
bien la Guerra Fría ha desaparecido y el temor
atómico es mucho menor. En términos de
lenguaje cinematográfico, sigue siendo una obra
muy moderna - no hay caracteres, diálogos o situaciones
que se hayan vuelto ridículos por el paso del
tiempo y los cambios culturales -. Y continúa
siendo fascinante en sus términos intelectuales.
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