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Es difícil que yo encuentre un filme malo
pero, cuando es el caso, se tratan de cintas que
están construidas de manera odiosa o frustrante.
Dream House entra en la última categoría.
Acá hay una buena cantidad de talentos -
Daniel Craig, Rachel Weisz, el director Jim Sheridan
(el cual tiene títulos bajo el brazo como
Mi Pie Izquierdo o En el Nombre del Padre)
- que se muestran totalmente impotentes a la
hora de repuntar un relato que nunca termina de
cuajar. Es posible que la historia de base sea una
estúpidez, o que el guión fuera incompetente;
o incluso podemos culpar al estudio que metió
mano por su cuenta - algo habitual para Morgan
Creek, los mismos que hicieron dos versiones
de la precuela de El Exorcista,
o que tijeretearon Razas
de Noche -. Como sea el caso, lo cierto
es que el resultado final parece un engendro generado
por un circo de negligentes, los que arruinaron
cualquier minima posibilidad de que el filme fuera
interesante o siquiera potable.
En primer lugar Dream House tiene enormes
problemas con la narración. Nunca se ve
fluida, siempre da la impresión de que
faltan escenas en el medio, y jamás hace
el más mínimo esfuerzo para crear
un poco de atmósfera. Tampoco ayuda el
hecho de que la historia se ve demasiado remanida
- un tipo compra una casa vieja con una historia
maldita detrás, la cual lo obsesiona y
comienza a investigar -, y que la misma tiene
problemas de identidad (nunca termina de definirse
si se trata de un thriller policial o de
un filme de terror). A esto se suma que el libreto
basa toda su gracia en dos revelaciones clave:
la primera es muy Shyamalanesca y se da
a los 40 minutos de iniciado el filme, en donde
descubrimos de que el protagonista es el mismo
asesino que ha sido liberado del siquiatrico y
que padece un fuerte ataque de amnesia (ups, sorry!;
se me escapó). La "gran revelación"
está manejada con tal grado de torpeza
que carece de impacto y en realidad provoca una
especie de pantano narrativo, ya que la historia
no sabe muy bien cómo seguir a partir de
allí. Pero cuando llega la segunda gran
vuelta de tuerca - en donde descubrimos por
qué pasó lo que pasó -,
a uno le entran ganas de volarle las gónadas
al guionista de un escopetazo. Es la explicación
más idiota que escuchado en el cine en
mucho, mucho tiempo, y termina por hundir
a Dream House en el más profundo
de los abismos.
Aun cuando Jim Sheridan proteste y quiera quitar
su nombre de los créditos, yo creo que
es culpable de gran parte del fracaso de la película.
Simplemente era el individuo inapropiado para
el trabajo, un director incapaz de generar el
clima de tensión que precisaba el filme.
Si hubiera sido eficiente, el 70% de Dream
House - hasta la llegada del horrendo final
que insertó con calzador la gente de Morgan
Creek - hubiera funcionado de manera decente.
Otro director hubiera explotado con mayor profundidad
la posibilidad de que las alucinaciones de Daniel
Craig no fueran tales sino que él viera
los fantasmas de su mujer y sus hijas fallecidas
(algo que se explora muy al pasar en el terrible
climax), pero acá todo es demasiado lineal
y pristino, y las revelaciones llegan sin demasiado
entusiasmo. Y si uno no aplica un mínimo
de estilo a un thriller, simplemente termina
por generar una experiencia fallida y frustrante,
como si viéramos una comedia incompetente
en donde los chistes son rematados sin gracia
o fuera de tiempo. |