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La
Noche de los Muertos Vivientes (1968) es el
gran clásico del terror de la década
del sesenta, y posiblemente uno de los títulos
más influenciales del género. Lamentablemente
tanto su director George A. Romero como sus socios
en la partida desconocían las reglas del
juego y omitieron proteger los derechos de autor
del filme, con lo cual perdieron una millonada en
regalías que estarán lamentando hasta
el día en que se mueran. Romero insistiría
con permanecer en el negocio cinematográfico,
generando cosas muy interesantes como The
Crazies (1973) y Martin
(1976) pero que no tuvieron gran suceso en la taquilla.
Para finales de los 70 Romero planeaba una revancha,
regresando al universo de los zombies y generando
una secuela a su brillante y malogrado clásico
de 1968. El rumor llegó hasta los oidos del
pope máximo del horror italiano, Dario
Argento, quien financió completamente de
su bolsillo a Dawn of the Dead y le dió
total libertad creativa a Romero, una prueba evidente
de la admiración del peninsular por la obra
del norteamericano. Y, por suerte para Romero, El
Amanecer de los Muertos tuvo una taquilla brillante,
compensando el mal sabor de lo ocurrido diez años
atrás.
Es innegable la influencia de Argento como productor
del filme; en lo formal, toda la película
tiene un fuerte sabor a pastiche italiano de horror:
es colorinche, tiene muchos cortes rápidos,
el grueso de las actuaciones bordea lo amateur,
y la banda sonora de Goblin redondea el efecto.
Pero, por otra parte, el grueso de esos cambios
termina por mitigar el impacto del filme. Los
colores son demasiado brillantes, con lo cual
la sangre se ve rojo fluo y los zombies se ven
azulados como si hubieran muerto por anoxia. Ver
a esta horda de gente ridiculamente maquillada
como muerto viviente es realmente un factor distrayente
que diluye cualquier intento de shock. Tampoco
ayuda la dirección elegida por Romero,
que los muestra como una masa inoperante y carente
de amenaza... a menos de que uno sea demasiado
torpe y se deje atrapar por un zombie que camina
a 1.2 kilómetros por hora.
El hecho de que los zombies estén practicamente
de decorado da a entender que las intenciones
de Romero son otras. Más que insistir con
el clima de amenaza y horror, Romero se dedica
a analizar la conducta de los supervivientes.
Es allí en donde El Amanecer de los
Muertos se convierte en una metáfora
del consumismo. Toda esta gente se refugia en
un shopping y vive unos dias de paraíso,
usando y comiendo de todo ... hasta que se da
cuenta de que disponer de cualquier cosa y de
cualquier lujo no basta para satisfacer un alma
torturada. Como siempre, el ocio es el peor enemigo
del cerebro humano, y pronto el grupo cae en la
desidia y la depresión. Recién revivirán
cuando vean que otro grupo - los saqueadores
- pretende quitarle todos los bienes y los lujos
que poseen, y por los cuales han luchado muy duro.
La metáfora del consumismo pasa por varios
lados. Por uno, los zombies regresan "por
instinto" a los lugares que le dieron placer
y que aún permanecen como recuerdo en los
restos de su memoria (después de muerto,
el lugar más satisfactorio que ha visitado
el occiso ha sido... un shopping). Por otro, representan
a una masa de "pobres" que pretende
acceder a los lujos que los "ricos"
(los sobrevivientes) poseen.
En el fondo El Amanecer de los Muertos
es una fantasía consumista con toques de
comentario social. No sólo por los dardos
que lanza hacia la sociedad capitalista - si
no puedes consumir, estás muerto socialmente
- sino por que satiriza el prejuicio y el racismo.
Al principio del filme hay un oficial SWAT supervisando
un operativo en un ghetto, y el tipo se
chifla mal al ver que los latinos y los negros
"pobres" viven mucho mejor que él,
que es blanco y es oficial de la ley. Dicho esto,
el tipo sale a exterminarlos en medio de un ataque
de furia.
El Amanecer de los Muertos es una muy
buena película. Hay muy poco shock, ya
que el universo de los zombies sólo sirve
como escenario para que Romero demuestre un par
de cosas. Eso no sólo la hace más
inteligente que el filme de horror común,
sino que le da un sabor distinto. Es más
un filme de acción con subtexto social,
adornado con algunos muertos vivientes, y ligeramente
empañada por unos terribles efectos de
maquillaje. |