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A veces la potencia creativa
de una persona marca la diferencia, y hace que una
pelicula insulsa cobre vida y hasta se convierta
en algo memorable. Eso es lo que ocurre con La
Celda; si uno revisa la fria palabra escrita
del guión, verá que es un thriller
comunacho, hasta tirando a mediocre. Pero es
tal la energía visual que le inyecta su director
Tarsem Singh, que la película termina por
transformarse en un espectáculo admirable,
y uno termina por perdonarle las fallas a una historia
que daba para más.
Acá tomaron nota de un montón de
influencias. Esto es básicamente un reciclado
de El Túnel de
las Pesadillas con la diferencia que, cuando
la narración pisa el universo de lo onírico,
se convierte en una orgía visual que asemeja
un mix entre Matrix
y las películas de Zhang
Yimou. La gente hace cosas imposibles, se
viste de la manera más extravagante, muta
de un plano al otro, se transforma en cualquier
otra cosa con su voluntad y, ante todo, despliega
una riqueza de colorido y detalle - en vestuarios,
maquillajes y escenarios - que uno queda
con la boca abierta. Quitenle esas escenas a La
Celda y verán que lo que les queda
es un filme mediocre. Ninguno de los personajes
está desarrollado como corresponde, ni
el asesino es demasiado intimidante (o siquiera
fascinante), y a lo sumo los diálogos están
ok sin ser nada del otro mundo.
Es que en realidad el filme jamás se preocupa
por explicar cómo este asesino serial demente
posee semejante cultura artística que termine
por traducirse en los mundos que crea en su inconsciente.
Cada escena onirica que vemos procede de un cuadro
famoso - como el del caballo rebanado en secciones
-, y su única razón de ser es la
de presentar una secuencia más extravagante
que otra. Sin llegar a la mente de Vincent D`Onofrio
(especialista en esta clase de papeles), uno se
pregunta por qué Jennifer Lopez debe utilizar
un vestido tan intrincado y poco práctico
en los encuentros que mantiene en el desierto
creado oníricamente en la mente de su paciente
infantil; o qué sentido tiene que D`Onofrio
aparezca vestido como demonio o como emperador
chino, más allá de mostrar un vestuario
espectacular. Uno aplaude la belleza de dichas
secuencias pero, por el otro lado, no dejan de
ser una exageración gratuita, algo que
no agrega nada importante al relato.
Sin dudas La Celda es un filme
que vale la pena ver, pero no analizar. Quizás
el tema pase porque uno busca que una película
tenga una excusa más o menos trillada y
más o menos potable que sirva como base
para un entretenimiento que se va a destacar en
otros aspectos como el visual. Así como
vemos todos los años las mismas historias
épicas pero con mejores efectos especiales,
aquí tenemos un thriller absolutamente
rutinario adornado de manera lujosa y fascinante,
con lo cual uno termina por aplaudir de pie a
Tarsem Singh pero no al guionista Mark Protosevich. |