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USA, 1958 : Steve
McQueen (Steve Andrews), Aneta Corseaut (Jane Martin), Earl Rowe (Dave),
John Benson (Burt), Steven Chase (Dr Hallen), Robert Fields (Tony
Gresette), James Bonnet (Mooch Miller), Olin Howlin (anciano)
Director - Irvin S. Yeaworth Jr, Guión - Kate Phillips
& Theodore Simonson, Musica - Ralph Carmichael, con temas de
suspenso de la colección de The Valentino Production Music
Library |
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TRAMA
: Cae un meteorito en un alejado pueblo de Estados Unidos. Los
adolescentes Steve Andrews y Jane Martin acuden a ver el lugar del
impacto, pero se cruzan en la carretera con un anciano al cual una
masa viviente roja se le ha prendido en el brazo. Los muchachos
llevan al hombre al consultorio del Dr. Martin y, a pedido de este,
salen a investigar la identidad del mismo. Pero tanto el Dr. Martin
como su enfermera son devorados por la masa alienigena que ha escapado
del interior del meteorito. Steve y Jane acuden a la policía
a denunciar el hecho, pero las autoridades descreen de los adolescentes.
Con la ayuda de algunos amigos intentan alertar a los habitantes
del pueblo y son tomados para la burla, hasta que un ataque masivo
de la mancha voraz termina por darles crédito, aunque, debido
al inmenso tamaño que ha cobrado, quizás sea demasiado
tarde.
NOTA : como siempre, desarrollamos este sitio
desde fans hacia fans del buen cine. Por ello, se pueden mencionar
partes del film que pueden develar el final (spoilers), pero asumimos
a esta altura que los lectores han visto el film o se encuentran
familiarizados con la historia. |
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Hay filmes que sobreviven a su propia impericia y logran convertirse
en clásicos, o al menos en favoritos del público. Es
el caso de The Blob, una producción independiente financiada
por capitales de feligreses de una iglesia y dirigida por un cineasta
especializado en filmes industriales, religiosos y educativos, que
lograría un gran éxito de taquilla y pasaría
al status de culto inmediatamente.
El éxito de La Mancha Voraz (o La Masa Devoradora,
como se denominó en otros países) tiene que ver con
varios ingredientes que funcionan muy bien en el film: el monstruo
es totalmente original, hay una muy buena banda sonora (compuesta
tanto por el musico Ralph Carmichael como con inserts de
la Valentino Production Music Library, una firma que aún
hoy genera soundtracks de stock a precio barato y que cualquiera
puede adquirir y utilizar en su film; la prueba está en que
cientos de películas de horror y sci fi de los 60 y 70 han
usado a rabiar esta banda sonora - inmediatamente reconocible cuando
se la escucha -, como The Green Slime o El Cerebro que
no Podía Morir), el tema de titulo de Burt Bacharach
es un hit ultrapegadizo, los FX son más que aceptables para
su escaso presupuesto (sólo costó u$s 120.000 de la
época), y tiene el claro objetivo de apuntar al público
adolescente. A su vez logra montar algunas escenas realmente memorables.
Pero el enorme lastre que tiene el film es que el director Yeaworth
y los guionistas Kate Phillips & Theodore Simonson son absolutamente
incompetentes a la hora de intentar realizar un desarrollo dramático
potable cuando el monstruo no está en escena. Mientras que
secuencias como el descubrimiento de la masa por parte del anciano,
el ataque en el consultorio del Dr. Martin o el grand finale
en el cine son escenas memorables que poseen tensión y horror
- toda la secuencia en que el viejo es fagocitado lentamente bajo
las mantas sigue siendo espeluznante -, cuando los personajes hablan
e interactúan lo hacen de la manera más torpe y lenta
posible. Uno no puede dejar de pensar en el origen religioso de
la producción del film, y lo que esto se termina por transmitir
a la conducta general de los personajes. Los adolescentes son correctos
y algo rebeldes, el sheriff Dave es bondadoso y comprensivo, y todo
termina en una comunión de jovenes y adultos luchando contra
la ameba alienígena. Las escenas iniciales son realmente
eternas, como la pequeña carrera de Steve con sus amigos;
y cuando éstos son advertidos por Steve de la presencia del
monstruo, se precisa una ración doble de buena voluntad por
parte del espectador para aceptar que los adolescentes han comprado
una idea tan absurda y que por ello salen inmediatamente a advertir
a todo el pueblo. En todo caso, podría asumirse que todos
son buenas personas integrantes de alguna iglesia, que los desmanes
de los adolescentes son solo travesuras, que la palabra de cada
uno de ellos vale, y que el film termina por obrar con cierta moralina
acerca de que hay que confiar en los jóvenes. En cualquier
otro film menos logrado, la audiencia y la crítica hubiera
apedreado la pantalla en dichas escenas.
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A esto se suma la pétrea actuación de todo el elenco,
del cual ni Steve McQueen se salva. McQueen ya era algo conocido por
su trabajo en series de TV, pero aquí resulta absolutamente
anodino, lo que no le impidió ser un dolor testicular para
los productores con ciertos desplantes que hizo en el rodaje - al
actor le ofrecieron un porcentaje de las ganancias pero quiso un sueldo
relativamente alto; sus problemas en el set hizo que los productores
terminaran por anular un contrato por tres filmes que habían
firmado -, algo que sería la marca de fábrica del astro
hasta el fin de sus días.
Pero si el drama y las actuaciones van de lo mediocre a lo abominable,
al menos cuando La Mancha Voraz aparece en escena las cosas
se animan. Filmada como una base de gelatina de silicona mezclada
con gasolina en medio de miniaturas (que representan a las habitaciones
de las escenas donde aparecen, y que fueron rodadas de modo vertical
para simular el movimiento de la misma), el efecto es convincente.
Muchos hoy consideran a The Blob un monstruo ridículo,
pero en el estilo en que está filmado - atacando silenciosamente,
escurriéndose entre las rendijas - es efectivo. Es cierto
que la remake de 1988, con mejores efectos, lo muestra mucho
más letal, veloz y de aspecto impresionante; pero para ser
un film de 1958 sigue siendo una criatura animada de buena calidad
e igual de mortal.
Es posible que la remake sea superior en términos
de historia y efectos, pero The Blob 1958 sigue estando en
el corazón de la gente, vista con entrañable cariño.
Existe también una secuela (Beware! The Blob de 1972
y dirigida por Larry Hagman) que retoma el tema en tono de comedia
y es considerada abominable. Pero el original sigue siendo un clásico,
aun a pesar de enormes defectos, simplemente por la originalidad
tanto de la criatura como de las escenas de los ataques.
Las versiones de The Blob son: La
Mancha Voraz (1958) y Cuidado! La
Mancha Voraz (1972). The Blob (1988) es una remake del
filme original |
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