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USA, 1953 : Paul Christian
(Tom Nesbitt), Paula Raymond (Lee Hunter), Cecil Kellaway (Dr Thurgood
Elson), Kenneth Tobey (Coronel Jack Evans), Lee Van Cleef (soldado
Stone) Director - Eugene Lourie, Guión - Fred Frieberger
& Lou Morheim, basados en el cuento La Sirena de la Niebla
de Ray Bradbury, Musica - David Buttolph |
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TRAMA
: Científicos americanos realizan pruebas nucleares en
el Artico. Tras una explosión, un Rhedosaurio que se encontraba
en estado de hibernación vuelve a la vida, y comienza a realizar
ataques a las embarcaciones cerca del Polo Norte. El profesor Tom
Nesbitt es el único que ha visto a la criatura, pero nadie
cree sus afirmaciones. Realizando una pesquisa por su cuenta, da
con el paradero de testigos de los ataques de la bestia en alta
mar y convence al prestigioso paleontólogo Thurgood Elson
para que hable con las autoridades y los persuada de investigar.
Elson traza la trayectoria del Rhedosaurio, el cuál se dirige
hacia Nueva York - donde históricamente siempre se dirigieron
las manadas de su especie -, pero perece en el intento. Ahora la
bestia ha llegado a la Gran Manzana y desata una oleada de destrucción
que parece imparable.
NOTA : como siempre, desarrollamos este sitio
desde fans hacia fans del buen cine. Por ello, se pueden mencionar
partes del film que pueden develar el final (spoilers), pero asumimos
a esta altura que los lectores han visto el film o se encuentran
familiarizados con la historia. |
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La decada de los 50 es la de las grandes
criaturas atómicas bobas. Todo tipo de animal habido
y por haber sufriría cinematográficamente los efectos
de la radiación y crecería a niveles gigantescos, lista
para destrozar maquetas. Tarantulas, dinosaurios mutantes, mantis
gigantes, enormes pajarracos de aspecto ridículo, y un largo
etcétera.
Las causas no son accidentales. En 1952 se había reestrenado
el clásico King Kong, y
había demostrado ser un suceso de taquilla. Es entonces cuando
aparece The Beast of 20.000 Fathoms
al año siguiente, la que sería la piedra basal del
género que tendría furor durante el resto de la década.
The Beast of 20.000 Fathoms toma
en realidad el molde de King Kong
- criatura colosal que llega a la civilización, desata su
furia y es eliminada -, añadiéndole el toque nuclear
que el tema precisaba. Acá la bomba no muta al animal, simplemente
lo despierta de su estado de hibernación, y la naturaleza
hace el resto. También establece algunas premisas que seguiría
el género durante la decada : quien descubre el monstruo
es quien lo mata y lleva adelante toda la investigación,
el 75% del film es toda la pesquisa y búsqueda de pruebas
para convencer a las escépticas autoridades, y los científicos
siempre parecen modelos de las revistas de modas.
No es una película mal escrita. En general los diálogos
son más que aceptables, pero la sensación que termina
por dar es que la perfomance del guionista es mejor que la del director
Eugene Lourie. Algunas escenas rayan en lo deliciosamente ridículo:
por ejemplo, si usted es marinero, siempre tendrá su gorrita
puesta hasta para ir al baño; o la inexplicable idiotez de
la premisa inicial (¿cómo los científicos
van a hacer explotar bombas atómicas en el artico?¿quieren
que nos ahoguemos todos?), sin contar el encuentro de Nesbitt
con el sicólogo en el hospital, o la absoluta inexpresividad
de Paula Raymond como la paleontóloga Playmate
de turno. Pero el film es bastante ágil, y especialmente el
delicioso personaje del Dr. Elson (interpretado por Cecil Kellaway,
que tenía el papel inolvidable del cura que asesoraba a Spencer
Tracy en el clásico ¿Adivina
quien viene hoy a cenar?), que roba todas sus escenas.
Es también uno de los primeros trabajos en solitario de
Ray Harryhausen, el dios del stop motion. En lo personal
nunca me convenció demasiado el stop motion, ni siquiera
considerando que eran los FX mejores y posibles de su época.
En comparación, Godzilla (1954)
que usa a un hombre en traje de goma es mucho más creíble,
si bien no está filmada del modo más prolijo. El problema
del stop motion es que los directores suelen realizar primeros
planos que terminan por exhibir todos los defectos de la técnica.
Aquí pasa lo mismo, si bien en el clímax - con el
Rhedosaurio atrapado en la montaña rusa, y con planos generales
de humanos delante - se ve muchísimo mejor y más realista.
Es un film ok. La devastación de la criatura en Nueva York
está bien, pero no es de lo mejor del género. Donde
la película consigue sus mejores momentos es cerca del final,
con la cacería nocturna del Rhedosaurio en las calles de
Nueva York, algo que debe haber inspirado (por no decir copiado)
a Roland Emmerich en su bizarra Godzilla
de 1998. Hay muy buen suspenso en la secuencia donde los soldados
comienzan a seguir el rastro de sangre de la bestia, y comienzan
a caer fulminados por los gérmenes que contiene.
Sorprendentemente no es un film de propaganda atómica. A
lo largo de la década el género tomaria posturas en
pro y en contra de la bomba, desde que es una maldición para
la humanidad que ha generado mutaciónes hasta que es el método
para destruir a la amenaza. Eventualmente Paul Christian habla del
poder del átomo, pero al menos no nos inunda con la sanata
propia de la sci fi de los 50. |
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